El avance de las tecnologías
Con la aparición de las nuevas tecnologías vemos como nuestra manera vivir es definida y cambia al ritmo de la evolución de éstas. Ejemplo de ello, podemos ver como en los dos últimos siglos (XIX y XX) con la aparición de la electricidad, la bombilla, el automóvil, el teléfono, los ordenadores. Todo esto supuso un cambio radical en la manera de vivir de la humanidad en aquellos tiempos. De la misma manera en nuestros días vemos que con los aviones cada vez más veloces, teléfonos móviles cada vez más inteligentes con la incorporación de las IA (Inteligencia Artificial) y los supercomputadores que procesan el Big Data, la computación quántica y la velocidad de procesado gigantesca de esta, la digitalización imparable a nivel global en los países desarrollados y sub-desarrollados, lo que ayer era una novedad, hoy ha quedado obsoleto. Ante todo esto, ante este avance frenético podemos llegar a imaginar la materialización de algunas ideas vistas en la ciencia ficción. ¿Entonces podemos imaginar que gracias a la tecnología un día no muy lejano, de alguna manera, llegaremos a alcanzar la inmortalidad? ¿Llegaremos a ser como Dios?
Una ignorancia que lleva al error
En verdad, el ser humano ha sido dotado por Dios de una inteligencia mayor que la de cualquier otra criatura en la Tierra pero no para ser como Él sino para usarse de esa inteligencia para reconocer la grandeza de un Dios infinito cuyo conocimiento sobrepasa todo lo que el hombre pudiera jamás llegar a pensar. El hombre es un ser limitado y por mucho que trate ser como Dios en cuanto a ciencia, justicia, juicio y moralidad, siempre acabará fallando. En el conocido relato de la Torre de Babel, se nos es dicho en Génesis 11:1, 4 que todos los habitantes de la tierra compartían una misma lengua y un mismo propósito que no era sino el de emular a Dios tratando de llegar a Él construyendo una torre que llegara hasta el cielo; así hicieron y nada les haría desistir de lo que iban a hacer como dice Génesis 11:6. Imaginémonos por un momento la tecnología que tenían en aquel entonces, nada tenía que ver con la nuestra y aun así construyeron una torre cuyas dimensiones superan las de cualquier rascacielos de hoy día, tal es la determinación habida en el hombre de tratar ser como Dios con cualquier medio que tenga al alcance. Pero el hombre ignora una cosa: Él está sujeto a los límites que Dios le ha puesto en Su soberanía y según Su voluntad. Así ocurrió que ese intento de alcanzar a Dios fracasó rotundamente como continúa el relato en Génesis 11:7-8 y 9.
Algo imposible
Es indudable que el avance de las tecnologías está siendo de mucha ayuda y lo seguirá siendo mientras sea usado para el bien aunque por mucho afán y dedicación que el hombre dedique en la investigación de alcanzar la inmortalidad, los designios de Dios son inerrantes, irrefutables y inevitables. Tarde o temprano el hombre llegará al límite que Dios le ha puesto y morirá, ¿de qué habrá servido tanto afán en tratar de ser Dios y buscar lo inalcanzable? ¿Acaso hay algo nuevo bajo el cielo que pueda hacer al hombre ir más allá de los designios de Dios? Ciertamente, no. Eclesiastés 1:9-10 nos da la respuesta. Llegará un día en el hombre rendirá cuentas ante Dios que todo lo ve al descubierto como dice Hebreos 4:13, 9:27 y como dice Apocalipsis 20:12 y 15, independientemente de quién hayas sido en vida, delante de Dios si tú no has creído en la obra de salvación hecha por Jesucristo en la cruz, entonces serás juzgado y condenado a la muerte eterna. Hoy es un día aceptable para volver a Dios y buscarle entretanto que Él está cerca de los hombres para disponerles la salvación de gracia por medio de la fe en Jesús.
Continuará en otro post.