Una esperanza humana
En medio de la segunda ola de la pandemia COVID-19, todos los países están expectantes ante la posibilidad de poder distribuir las diversas vacunas que han sido desarrolladas con el fin de acabar con la situación bajo la que nos encontramos. Ciertamente, muchísima gente se ha ofrecido voluntaria para el desarrollo de estas y muchísima gente de entre la población mundial buscarán cuanto antes ser vacunados de la COVID-19 movidos por la esperanza de ser inmunes ante el, comúnmente llamado, enemigo invisible que puede llegar a acabar con sus vidas. Pero esta esperanza es efímera y solamente suprime la hipotética amenaza que lleva contraer este virus. Aún existen una infinidad de peligros conocidos y por conocer que suponen una amenaza semejante e incluso superior para el ser humano. La esperanza humana está condicionada a la existencia terrenal y una vez en la tumba, no hay esperanza humana que valga para lo que viene después: “y el polvo vuelva a a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” Eclesiastés 12:7. Sin embargo, hay una esperanza más allá de la existencia terrenal para aquel que cree el mensaje de la Biblia.
Una esperanza dada desde el cielo
El hecho de creer en Jesús como el Único y Suficiente Salvador dado en rescate para la humanidad perdida sin Dios y sin una esperanza que trascienda más allá de esta vida presente, no significa adherirse a un dogma o a cualquier filosofía hueca sino el venir a una nueva vida con un nuevo estado de todas las cosas desde la perspectiva de la fe y cuyo centro es solamente Jesús. La Biblia habla de la esperanza del cristiano como una gracia de Dios al hombre mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos: libertado del pecado y de la muerte, ahora tiene una nueva vida en Cristo (2 Corintios 5:17) y es llamado a esperarle a Él de los cielos para estar con Él para siempre (1 Tesalonicenses 1:9-10 y 4:16-17). Si en esa espera el creyente, que ha depositado su fe en Cristo, muere, él tiene la certeza que el vivir es Cristo y el morir es ganancia. ¿Ganancia? Para el cristiano la palabra muerte solamente significa el puente que atraviesa el alma hacia el paraíso donde le aguarda la dicha inexpresable de estar con Cristo – Filipenses 1:21, 23. Pero estos dos puntos acerca de la esperanza del creyente tienen un denominador común: Cristo. Él es la esperanza del creyente (1 Timoteo 1:1) y en Él sabe que si vive, lo hace sabiendo que Él pronto volverá de los cielos para ir a la morada que Él ha prometido para los suyos y que si muere, va al paraíso, el lugar de dicha donde Cristo le aguarda hasta que Él vuelva con los que durmieron en Él para llevarse a los que aún viven para estar siempre con Él.
“No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en Mí. En la Casa de Mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a Mí mismo, para que donde Yo estoy, vosotros también estéis”.
JESUCRISTO DE NAZARET – EVANGELIO SEGÚN JUAN 14:1-3