En pleno confinamiento por la pandemia del coronavirus, no dejamos de recibir noticias sobre la situación actual y su gravedad. Sin embargo también recibimos noticias de lo que vendrá una vez finalizada esta crisis sanitaria a nivel global. Me refiero a la fuerte recesión económica que azotará, sin excepción alguna, a todas las grandes potencias mundiales.
Sumado a la ya presente inseguridad e inestabilidad que nos presiden con las diferentes tensiones entre naciones, el alza de la violencia generalizada en todos los países y el decaimiento moral en que a lo malo se llama bueno, y a lo bueno se llama malo, la sociedad tendrá que cargar sobre sus lomos una recesión económica mayor que la anterior por un virus del cual no es seguro su origen. ¡¿Apenas nos recuperamos de la que se originó en 2008 y ya estamos en otra?¡ ¿Qué culpa tenemos nosotros de que esto nos ocurra? Y así tantas preguntas que nos podríamos hacer. Pero…
…tristemente, se ignora lo que está escrito en la Biblia: en ella se nos avisa que este tipo de sucesos iban y van a suceder y que está dentro del gran lienzo que Dios está pintando en estos instantes. En las líneas de Mateo 24:7 se nos describe las señales antes del fin del tiempo del favor inmerecido de Dios para con los hombres. Escritas hace 2 milenios, declaran acontecimientos actuales que estamos viviendo todos los hombres. Dios se usa de dichos acontecimientos para hablar al hombre perdido: acontecimientos como catástrofes naturales provocadas por el cambio climático, inestabilidad global, un horizonte en el que cada vez se ve más cerca el colapso de la raza de Adán.
Está escrito en Job 33:14 que Dios habla de una manera o dos pero el hombre no entiende. Ciertamente nada sucede por casualidad y en estos tiempos tan convulsos que atravesamos es necesario atender con atención a lo que Dios, desde el cielo, dice, como está escrito en Hebreos 12:25.
De acuerdo a Gálatas 6:7, lo que el hombre siembra eso también segará: gran parte de males actuales son a causa de la vileza del corazón humano que no conoce el amor de Dios (Jeremías 17:9). Pero Dios aún sigue llamando al hombre a que deje el camino que le dirige hacia una muerte segura para volverse a Él y hallar perdón, dicha, paz y esperanza. Es en su paciencia continua que no deja que ocurra el colapso global. Cual reloj de arena, el tiempo corre y pronto se agotará; entonces será demasiado tarde puesto que la realidad en la que vive el hombre, tal y como la concibe, dejará de ser igual. En Mateo 24:8 se nos dice que los acontecimientos del verso anterior no son sino un principio de señales, un indicio de lo que va a venir.
Engañarán y serán engañados… Llegará un momento, no demasiado lejano, en el cual el hombre pensará que todo va bien pero lejos de estar bien, serán momentos en el que se encontrará con las consecuencias de haber rechazado a Dios y de haber amado el pecado. 1 Tesalonicenses 5:2-3 y 2 Tesalonicenses 2:11-12 arroja luz sobre este suceso futuro. Dios no desea que nadie haya de pasar por el justo juicio que Él tendrá que traer: hay esperanza en la Persona de Jesús.
Dios sabe como ha de tratar con Su criatura y a causa de la dureza de nuestros corazones y por el auge de la maldad que enfría el amor de muchos, es necesario que seamos advertidos de esta manera acerca de los tiempos en los que nos encontramos. Pero, por otra parte, también es necesario mirar más allá del horizonte, es necesaria la esperanza que Dios ya ha dispuesto a través de Su Hijo: Juan 3:17-18. Jesús es quien libra al hombre de la ira venidera y quien en Su Persona, Dios manifestó su clemente corazón: 1 Juan 4:10 y 1 Juan 4:14-15.
Todo aquel que cree en Jesús, tiene vida eterna permanente en él y quien tiene a Jesús, el Hijo de Dios, tiene la vida, nueva vida con esperanza y sin temor a causa del perfecto amor que ha conocido. No importa cuán oscuro sea el horizonte, por la fe puede ver luz en medio de densa tiniebla (Tito 2:11-12 y Tito 2:13 , Colosenses 3:4, 1 Pedro 1:3 y 1 Juan 5:11-12). Pero para aquel que decide persistir en incredulidad pese a todas las advertencias, llegará el día en que tendrá que dar cuentas de esta decisión delante de Dios mismo como dice en Apocalipsis 20:11 y Apocalipsis 20:12. Cosa horrible será ser juzgado en ese mismísimo instante: Hebreos 9:27 y Hebreos 10:31.