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¿Justicia social o justicia según Dios?

La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones.

Proverbios 14:34

Una pregunta común

Hay un clamor popular acerca de una mayor justicia en nuestra sociedad: justicia racial, justicia en cuanto a la corrupción de los legisladores que nos gobiernan, justicia en cuanto a las desigualdades sociales entre clases ricas cada vez más ricas y clases pobres cada vez más pobres. Todos claman buscando una respuesta ante la pregunta unánime que todo ciudadano se ha llegado a hacer: ¿hasta cuándo? El hombre sin Dios jamás podrá llegar a encontrar la respuesta por más que se afane. Sin embargo, el hombre con Dios sí que ha hallado una respuesta ante esta pregunta.

Una respuesta ante esta pregunta

El hombre con Dios entiende algo que el hombre sin Dios no entiende: sin la directriz de la sabiduría de lo alto (Santiago 3:17) no hay justicia desde la perspectiva humana sin que antes haya justicia desde la perspectiva divina, esto es, el hombre jamás percibirá el verdadero sentido de la justicia sin que antes entienda que Dios es Justo y que él, el hombre, es responsable de cumplir con los estándares de Su justicia divina. Entonces nos surge una nueva pregunta: ¿Cómo puede el hombre cumplir con los estándares de la justicia de Dios? Para empezar es necesario comprender que, primeramente, todo hombre tiene en su corazón grabada una ley no escrita que le declara lo bueno y lo malo (Romanos 2:14-15) por lo que no puede decir que no conoce los estándares básicos de la justicia de Dios. Es decir, un principio de moralidad correcta delante de Él tales como la no agresión, el respeto mutuo, la compasión y el amor desinteresado hacia su prójimo. Tales son principios básicos o, dicho de otra manera, lógicos que el hombre sin y con Dios tiene grabados en su conciencia. Pero el hombre con Dios sabe que es incapaz de cumplir con el estándar que Dios requiere de él y que, por tanto, reconoce que, por su pecado, es declarado culpable delante de Dios. ¿Entonces hay alguien que pueda cumplir con la justicia de Dios? Ningún hombre lo puede lograr y jamás ningún hombre se podrá presentar delante de Dios con su propia justicia. Este pensamiento lo sabía muy bien cierto siervo de Dios que expresó lo siguiente: “Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Salmo 14:3)

Un hándicap sumamente relevante

En el hombre existe un mal inherente que le conduce, a sabiendas de ello, a hacer lo contrario a lo que es correcto y tal mal, a la luz de Biblia, es llamado “pecado”. El pecado es lo que condena al fracaso a todo hombre. ¿Fracaso? Fracaso en cuanto a cumplir con la justicia que Dios requiere del hombre. El hombre, por sí mismo, se encuentra en un estado de impotencia y debilidad sin igual: sin Dios y abocado en la rebeldía, jamás podrá entender el verdadero sentido de la justicia y por más que se afane, sus mejores justicias no son sino “trapos de inmundicia” a los ojos del Dios Justo (Isaías 64:6). ¡Qué lamentable situación! Tal es el estado de todo ser humano por naturaleza, moralmente muerto, fallido en cuanto al cumplimiento de su responsabilidad delante de Dios como hombre, humanamente irremediable y totalmente perdido que transita por este mundo persiguiendo al viento mientras que esclavo de su pecado aguarda en intencionada ignorancia el día del justo juicio de Dios. Ninguna corriente de pensamiento humano podrá jamás ayudar al hombre delante de Dios el día en que Él juzgará a vivos y muertos conforme a sus obras (Romanos 2:5-6).

Un auxilio de carácter divino

Comúnmente el hombre, en su mente ínfima, concibe a Dios como un Dios de ira y esto es a causa de la ignorancia habida en cuanto a lo que la Biblia nos dice acerca como es Dios y como Él actúa. Se contempla esta faceta de Dios para “acusarle” de totalitarismo y negar su justicia en un vano esfuerzo de autojustificación cuando Dios es “lento para la ira y grande en misericordia” como dice el Salmo 86:15. ¿Acaso ha abandonado Dios a su criatura? ¿Acaso se olvida una madre de la criatura que ha dado a luz? Aunque ocurriese este segundo caso, el primero jamás ocurrirá según dice Isaías 49:15. Desde antes la caída en pecado de Adán, Dios ya había establecido la venida del que es llamado el Justo, este es, Jesús. Mucho es dicho a nivel sociopolítico de Jesús pero, una vez más, toda corriente de pensamiento humano es vana y errada. ¡Jesús vino a ser el Salvador del hombre caído en pecado! Él no fue ningún líder carismático o revolucionario que vino a abolir, como se diría hoy en día, el sistema (Lucas 20:25) sino que Él vino, siendo Dios mismo, como hombre sin pecado para vivir una vida justa y perfecta delante los ojos de Dios para redimirnos de la maldición del pecado que pesaba sobre nosotros y por la que éramos contados como pecadores dignos del justo juicio de Dios.

La vida, muerte y resurrección de Jesús nos da de Dios todo el favor

Romanos 5:8 nos declara una verdad maravillosa acerca de como fue el amor que Dios nos mostró al entregarnos a Su Hijo Unigénito siendo que nosotros, en nuestra condición sin Él, somos pecadores enemistados con Él. La vida de Jesús, el Hijo del Dios, dada en rescate por la humanidad en la cruz tuvo un valor tan inmenso que ahora, gracias a este don de Dios tan inexpresable, ahora el pecador, por Cristo, ha sido reconciliado con Dios y la Paz con Él pudo ser traída al hombre. Jesús, como el Hombre Perfecto, habiéndolo hecho todo bien (Marcos 7:37), cumplió con toda justicia (Mateo 3:15). Él, único Hombre sin pecado, fue declarado Varón de dolores en relación al sufrimiento por el que, primeramente a causa de la maldad del hombre y segundamente a causa del pecado de este, tuvo que atravesar desde su tortura cruel a manos de los soldados romanos hasta la mismísima crucifixión cuando Él fue quebrantado en cuerpo y alma como el profeta Isaías predijo en Isaías 53:3-4 y 53:5-6. Para poder traernos justicia y poder Dios imputar Su justicia en Cristo al hombre pecador, fue necesario primeramente ver cuán grande era la depravación del hombre y su férreo odio a Dios, y segundo cuál fue la maravillosa gracia que Dios manifestó en amor por medio de la venida de Jesús, llamado el Justo. Pablo, quien se consideraba “el primero de los pecadores” por su pasado como perseguidor de Cristo, escribió: “Al que no conoció pecado, por nosotros (Dios) lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” 2 Corintios 4:21 y “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.” Romanos 5:18 Solamente por Cristo, por su obra en la cruz el salmista pudo expresar que “la paz y la justicia se besaron” como dice el Salmo 85:10

Solo Jesús es la respuesta ante la necesidad de una perfecta justicia

A la verdad, sin justicia no puede haber paz declara una y otra vez el hombre pero jamás se llegará a la paz sin que haya una justicia divina que impere en este mundo que rechaza a Dios, que deja de lado toda moralidad para alcanzar sus más ambiciosas metas aunque ello suponga el mal de prójimo y que está sumido bajo el dominio de su príncipe, padre de mentira y homicida desde el principio (Juan 8:44). Solamente el depositar la fe en la persona de Jesús, creer en su obra en la cruz, el dejar de lado toda autopercepción de justicia y declararse, a los ojos de Dios, pecador necesitado de perdón es lo que conduce al hombre el poderse apropiar de estas hermosas palabras: “Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” Romanos 5:1

Jesús dijo: “No he venido a llamar a justos sino a pecadores al arrepentimiento” Lucas 5:32